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Cuatro grandes puertos en Alpes y Dolomitas | Parte 2: Passo Stelvio

Después de visitar el Tirol austriaco y hacer la ascensión de La Carretera del Glaciar de Sölden, seguí el viaje hacia el sur para pasar a Italia, hasta el Parque Nacional del Stelvio. En este rincón de Alpes se encuentran tres de los puertos más famosos del Giro de Italia: Mortirolo, Gavia y por supuesto, el Stelvio.

Además de estos tres monstruos, hay otras tantas subidas también duras e impresionantes. Me viene ahora a la memoria el Passo Torri di Fraele, que se sube desde la localidad de Bormio y que una vez llegado arriba del todo, si sigues la carretera, esta se transforma en una pista que te lleva directamente hasta el Lago di Cancano. Pero  hay más, así como las diferentes vertientes de cada uno de ellos. Sin duda podemos asegurar que este parque nacional italiano es un paraíso para los amantes de los puertos.

Passo Stelvio

Con poner en cualquier buscador de Internet la palabra Stelvio, encuentras multitud de referencias con toda la información necesaria para subir este gigante alpino. También hay editados varios libros y guías con buena información sobre el desnivel, kilometraje, etc. En mi caso me serví del libro «Ascensiones Míticas. 50 puertos de leyenda que deberías coronar» del que ya hablé un poco en el primer post.

Si ves alguna foto del Stelvio, sobre todo si es hecha desde la cima hacia la vertiente de Prato allo Stelvio (provincia de Bolzano), automáticamente sientes que quieres estar ahí. Esa sucesión de curvas de herradura enamora a cualquiera. 

Ya que era la primera vez que iba, quería hacer esta vertiente que me parece la más espectacular (sobre todo desde que pasas Trafoi). De todas formas, la subida por el otro lado desde Bormio, es también una absoluta maravilla y una de las cosas que me dejo pendiente para la próxima visita.

Un poco de historia

La carretera fue construida entre los años 1820 y 1825, tiempo en el que este territorio pertenecía a Austria. Desde entonces la ruta es la misma y lo único que se ha ido haciendo es mejorar el pavimento. Está considerada como una obra maestra de la ingeniería y se dice que hicieron falta 2500 hombres para llevarla a cabo.

En lo que tiene que ver con el ciclismo, sobre todo es famoso por el Giro de Italia. Se pasó por primera vez en la edición de 1953 en la que Fausto Coppi ganó la etapa en un duelo contra Hugo Koblet, ganando finalmente también el Giro.

Desde entonces y hasta 2021, el Giro ha pasado por el Stelvio en 12 ocasiones de las cuales en 3 han ganado españoles: En 1972 Fuente «El Tarangu» (sacándole 2 minutos a Eddy Merckx), en 1975 Galdós (ambas ediciones con final en alto en el propio puerto) y en 2017 Mikel Landa (con final en Bormio).

La última vez que el Giro subió al Stelvio fue en 2020 con final en el Lago di Cancano, por el Passo Torri di Fraele. Esta edición estuvo marcada por la pandemia de la Covid 19 y tuvo que disputarse en el mes de octubre, con mucho riesgo de ser definitivamente suspendida.

En 1965 se instauró por primera vez en el Giro la categoría «Cima Coppi» que se le da al puerto más alto de cada edición, siendo el Stelvio el primero en obtener este galardón. Esto se hizo, tal y como indica el nombre, en honor a Fausto Coppi, fallecido en 1960. Por su altitud de 2758 metros sobre el nivel del mar, si la carrera pasa por el Stelvio, esta es la Cima Coppi del año ya que ningún puerto italiano supera esta cota (y pocos más en Alpes).

Un sueño cumplido …

Me gustan las carreras, para verlas como aficionado y sobre todo lo que más, las etapas de montaña. Pero como cicloturista con escaso sentimiento competitivo, subir este mounstro alpino tenía para mi un enfoque totalmente diferente. No tenía idea de hacerlo en ningún tiempo previamente pensado, ni planteado hacerlo de un tirón, ni ninguna meta especial más allá de llegar a su cima y disfrutar de cada curva y cada metro ganado. Haciendo algunas paradas para coger aire y sacar buenas fotografías y en definitiva disfrutar el momento único que por fin se me presentaba delante.

Una mezcla de sensaciones me asaltaban durante la escalada ya que lo viví intensamente. Lo primero por el paisaje tan brutal de alta montaña, con vistas a glaciares y cumbres bastante altas, de las que bastantes superan los 3000 metros, siendo la más alta el Monte Ortles con 3905 metros sobre el nivel del mar.

Como amante de las montañas y de la bici, este tipo de puertos son una maravilla para sumergirse en el paisaje y vivir el momento presente sin nada más en la cabeza que lo que tienes ante tus ojos. 

Curva a curva, kilómetro a kilómetro, vas subiendo desde el valle ganando altura poco a poco y sintiendo el aire puro y fresco que hay en estas montañas. Solamente alguna vez, cuando te adelanta una moto o un coche, esta paz se puede ver un poco interrumpida pero eso forma parte del juego de subir un puertazo como este. No solamente los ciclistas ansiamos subirlo y yo mismo al día siguiente lo hice con la furgoneta siguiendo mi viaje. 

El puerto, desde Prato allo Stelvio, tiene un poco más de 24 km con un desnivel positivo de 1800 metros y una pendiente media del 7,4%. Con estas cifras ya nos podemos hacer una idea de que estamos delante un señor puerto. El más alto de los Alpes Orientales y el tercero de los Alpes, por detrás del Col de I´Iseran y el Col de la Bonette (si no contamos la Carretera del Glaciar de Sölden, ya que no tiene salida). Hay otros pasos más altos a los que dicen que se puede llegar en bici en los Alpes, pero no son asfaltados y algunos tienen dificultades técnicas considerables por el terreno y la nieve que está presente todo el año en esas alturas.

En mi vida como ciclista, he tenido periodos en los que he estado más activo y en otros momentos menos, o incluso dedicado a otras actividades teniendo la bicicleta apartada temporalmente. En todos esos años ha habido ascensiones y viajes que han marcado una diferencia, un antes y un después. Hay muchas rutas que dejan un poso especial en la memoria, pero existen algunas que de forma más especial dejan una muesca en «el historial». En mi caso, el Stelvio, junto a las otras tres ascensiones de este viaje, es una de estas. Se junta el momento personal en que me pilla con la grandiosidad de estas montañas que tanto me gustan.

Para todos están siendo unos tiempos complicados y haber podido hacer este viaje ha sido como una terapia, o al menos como un paréntesis. Soy un privilegiado por haber podido llevarlo adelante y que «los astros se alineasen» para que el plan que llevaba desde casa, saliese perfecto. No es poca la gente que debido a la pandemia no puede viajar y tiene que posponer muchos planes (y esto es algo muy banal en comparación a situaciones mucho más dramáticas). Por todo ello, en estos momentos hacer un viajazo como este ha sido un lujo, en el más amplio sentido de la palabra.

Del libro «Ascensiones míticas» rescato estas palabras:

«Los dioses viven en las montañas», escribió Claudio Gregori, de La Gazzeta dello Sport, en 2005. «Los indios los ubican en el mítico Muru. Los griegos en el Olimpo. Los sherpas en el Himalaya. Los japoneses en el Fuji. El Stelvio es la montaña sagrada del Giro de Italia».

Si los dioses vivieran en las montañas, entrarían en ellas por carreteras así. Después de doscientos años, el Stelvio sigue siendo, orgulloso y genuino, el puerto de montaña más perfecto de Italia.

Después de una ascensión como esta, te quedas con un sabor de boca tan bueno que piensas que si el viaje acabase en ese momento, volverías a casa más que contento. Pero por suerte las escaladas en bici todavía no habían terminado.

El siguiente puerto fue otro gigante: El Passo Gavia. Te lo cuento en el próximo post, que será el tercero de cuatro.

Salud y pedal.

Adri

Amante de las bicicletas desde hace más de 20 años. Aficionado al btt, el ciclismo de carretera y los viajes en bicicleta. Defensor de la bici como medio de transporte en las ciudades.
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